martes, 26 de enero de 2010

El teatro engañoso en las congregaciones cristianas








Despues de ver los anteriores videos publicados en el blog: http://videoblogeshora.blogspot.com/ y de sentir pena y verguenza por la forma como se sigue manipulando a un sinnumero de creyentes ingenuos y buscadores de experiencias emocionales mas que del conocimiento de la Biblia, recorde haber leido un articulo algunos años atras, lo busque y decide publicarlo.

Solo quiero decir que mientras las congregaciones sigan siendo alimentadas y mantenidas en el plano emocional o se les siga enseñando un evangelio sensual y humanista, y estas no lean la Biblia, no podran distinguir claramente si una manifestación es de parte de Dios o producto de sus emociones, y como resultado tendremos unos clientes estafados y unos lobos disfrazados de ovejas ganando dinero.

"Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo" 2 Corintios 11:3 (Reina-Valera 1960)


CAÍDAS, EMPASTES Y LA RISA SANTA



POR GERARDO DE ÁVILA

Hace años, leí en algún lugar unas palabras del Obispo Gerald Kennedy. Este clérigo de la iglesia Metodista, refiriéndose a la sucesión de modalidades en la igle­sia, decía que las modas vienen y las modas van, pero la Palabra de Dios permanece para siempre.

En los últimos años nos ha to­cado ser testigos de toda una gama de fenómenos en el culto de la iglesia. Recuerdo que en las pri­meras décadas de mi vida cristia­na la iglesia era más constante y estable en lo que ocurría en su cul­to. Las congregaciones servían con sobriedad al Señor. La com­petencia de quién presentaba lo más espectacular era desconocida. Ahora grandes segmentos de la iglesia han sido invadidos por una especie de teatro religioso, donde periódicamente aparece alguien con la última novedad.

¿Por qué esa sucesión de mo­das en la iglesia? ¿A qué obedece la necesidad de algunas iglesias y líderes de tener siempre algo novedoso? ¿Por qué para algunas congregaciones no es suficiente el estudio bíblico responsable, cohe­rente, bien informado, la oración y la evangelización, sin el elemen­to histriónico?

En mi opinión, la respuesta la tiene la sicología del desarrollo. A cierta edad, la capacidad de con­centración del niño es muy limi­tada y a intervalos breves hay que cambiarle el entretenimiento. Esto es completamente normal para la mente infantil, pero anormal en una mente adulta. Hay cosas de niño y cosas de adulto. Pablo dice: «Cuan­do yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzga­ba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño».

Lamentablemente, un porcen­taje alarmante de la población de la iglesia se mantiene en un nivel infantil, su edad cronológica y su edad sicológica no corren parale­las como sería lo saludable.

En lo que se refiere a madu­rez, grandes segmentos de la igle­sia actual están en la condición de la iglesia de Jerusalén y la iglesia de Corinto en la época en que se les dirigieron las cartas que apa­recen en el Nuevo Testamento. A los hebreos se les dice: «Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuá­les son los primeros rudimentos de las palabras de Dios». Las pala­bras dirigidas a los corintios fue­ron: «De manera que yo, herma­nos, no pude hablaros como a es­pirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo, porque aún sois carnales».

La definición de carnal que da el apóstol en Corintios es sinóni­mo de niño. El infantilismo en la iglesia es cosa grave, pues su tra­ducción es carnalidad.

La pretensión de los protago­nistas de los espectáculos que padece la iglesia, de que lo que ocu­rre es expresión de poder espiri­tual, no tiene base. En realidad, lo que ellos reclaman y lo que ocu­rre es contradictorio. El histrionismo que padece la iglesia es una manifestación de su estado infan­til, de carnalidad, según la defini­ción del apóstol. La espiritualidad no puede expresarse carnalmente. En lógica, la ley de contradicción establece que cuando dos propo­siciones se contradicen una de las dos tiene que ser falsa.

Una iglesia espiritual no se comporta carnalmente (infantilmen­te). Una iglesia carnal (infantil) no se comporta espiritualmente.

En una pro­porción impre­sionante, la igle­sia de nuestros días es infantil; muestra fiel de una sociedad compuesta por niños y niñas con cuerpos de hombres y de mujeres, con edades cronológicas y sicológicas que no corresponden.

Para mí, la explicación que tie­ne que haya pastores que constan­temente se rompen la cabeza in­ventando nuevos programas, para que la gente no se les vaya; siem­pre detrás de lo novedoso, de lo espectacular, como ocurre en los centros de entretenimiento de este mundo, es que trabajan con una iglesia infantil. O, lo que es peor, ellos están en ese nivel.

Otra explicación, grave desde un punto de vista ético, es que son pastores sin la preparación para serlo, o quienes, para multiplicar la audiencia siguen principios de mercadeo y dicen y hacen lo que la gente quiere y no lo que la gen­te necesita.

Una iglesia adulta, consciente de su misión y recursos para cum­plirla, no necesita de estos meca­nismos.

En este artículo me referiré a tres modas de los últimos años.

CAÍDAS EN EL ESPÍRITU


La Biblia registra casos donde personas cayeron como resultado de experiencias espirituales. En al­gunos de ellos la persona cayó hacia delante en éxtasis, en reco­nocimiento de lo divino (Juan en Apocalipsis), en otros casos la persona cayó porque estaba oponiéndose al Señor (Pablo camino a Damasco).

¿Es eso lo que ocurre hoy en algunas iglesias? En mi opinión, no. Las caídas en masa que se pro­ducen hoy tienen, en mi criterio, un carácter emocional sin que medie una profunda experiencia espiritual que deje su marca en la transformación de la persona.

En la enseñanza bíblica está ausente el fenómeno de caídas en masa como resultado de la bendi­ción del Espíritu Santo. No exis­te, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, precedente alguno de esta experiencia. Ni aun en el día de Pentecostés, paradigma del des­censo del Espíritu Santo sobre la iglesia, se registran las caídas que se reportan actualmente en algu­nos grupos de cristianos.

Aun si existiera algún prece­dente, ello no sería suficiente, a menos que estuviera avalado por la enseñanza categórica de la Bi­blia. Con precedentes no se for­mula doctrina. Cristo, para sanar a un ciego, hizo lodo con su sali­va. Esto no autoriza a los cristia­nos a hacer lo mismo.

EMPASTES DE MUELAS


Hace algunos años pasé la no­che en la casa de un pastor. En la mañana siguiente me encontré con un evangelista amigo que estaba celebrando una serie de reuniones en la iglesia pastoreada por mi amigo. Al encontrarnos me dijo: «De Avila, no sabes lo que te per­diste anoche. El Señor estaba plastificando muelas en tal forma que el polvo de plata que salía de la boca de la gente me caía en la cara y una hermana tenía que man­tenerse quitándomelo con una toa­lla». El evangelista agregó: «Y no me vayas a decir que esto lo hace el otro». Yo le respondí: «Quién lo hace, no sé, pero sí sé quién no lo hace».

A pesar de que personas confiables me han dicho haber sido testigos de casos de empastes, ten­go una seria dificultad teológica para aceptarlo. Cuando un dentista empasta una muela está haciendo una confesión de impotencia: «Yo no puedo restaurar una muela a su estado original». Dios jamás haría esa confesión. El Altísimo puede hacer la muela nueva. Empastar una muela es el equivalente de ponerle espejuelos a alguien con dificulta­des en la vista, o ponerle un torni­llo a una pierna fracturada.

Así que debemos prepararnos para que en cualquier momento es­tas cosas ocurran «milagrosamen­te» en la iglesia. Personas que po­drían afirmar que Dios les ha pues­to espejuelos o les ha enyesado un brazo o mostrarnos el tornillo que el Señor le puso en una pierna frac­turada. El equivalente lógico es el mismo. Dios cura la vista, sana la muela y suelda la pierna sin necesidad de espejuelos, amalgama, tor­nillo o yeso.

RISAS EN EL ESPÍRITU

Como punto de partida se tie­ne que decir que el Espíritu Santo no produce risa. La risa es la reacción a un estímu­lo. Diferentes personas pueden re­accionar de distintas maneras al mismo estímulo.

El fenómeno de la risa espiri­tual es la más reciente de las nove­dades en la iglesia. Aunque ha ocu­rrido en más de un lugar, el caso que más se ha divulgado (hasta donde mi información llega) es el de una iglesia en Toronto, reporta­do como «La Bendición de Toron­to». Hasta allí personas de varias partes del mundo han peregrinado para presenciar el fenómeno.

¿Qué significado tiene «La Bendición de Toronto» desde un punto de vista bíblico? Ninguno.

Un caso de risa que se reporta en la Biblia tiene que ver con la incredulidad de Sara cuando el ángel le dice que tendrá un hijo. El otro caso es el del salmo dos don­de se nos dice que Dios se reirá de los que se le oponen. En el primer caso la risa es expresión de incre­dulidad, en el otro de burla.

La Biblia no reporta ninguna experiencia religiosa donde la risa esté presente. Aunque el precedente bíblico no es criterio para la for­mulación de la doctrina, lo otro que también está ausente, y esto si es fundamental, es la enseñanza.

No hay ninguna base bíblica para la risa como experiencia de adoración o de desarrollo cristia­no. La risa tiene valor terapéutico, pero no teológico. La risa colecti­va que se produce en algunas igle­sias es, en la opinión del que escri­be, un fenómeno de sicología de masas.

En una entrevista que Christianity Today hizo a John Stott y que apareció en la edición de Ene­ro 8 de 1996, una de las preguntas tiene que ver con «La Bendición de Toronto». En su respuesta el co­nocido escritor inglés manifestó al­gunas preocupaciones. Según Stott el fenómeno es anti-intelectual.

Él dice haber escuchado una grabación de la primera persona que llevó «La Bendición de To­ronto» a Gran Bretaña. Esta perso­na decía: No analice, no haga pre­guntas. Simplemente reciba.

Es mi opinión que las instruc­ciones a que se refiere Stott son diametralmente opuestas a las de la Biblia con relación a cualquier ocu­rrencia que se atribuya al Espíritu Santo.

Las instrucciones de la Palabra de Dios son «y los demás juzguen». Tengo mis reservas con cualquiera que no me permita usar mi juicio. La capacidad intelectual del hom­bre expresa la imagen de Dios en él. Un obrar de Dios que pusiera como condición no analizar sería, desde la perspectiva bíblica, una contradicción. El obrar de Dios puede, en al­gunos casos, superar la razón pero nunca inhibirla o contradecirla.

El otro aspecto que preocupa a Stott es el de los sonidos de animales que están relacio­nados con la risa. Los informes que vienen de Toronto hablan de personas imitando a ani­males.

Una experiencia que convierta al hombre en animal sería una evolución a la inversa. Las experiencias religiosas, si son cristianas, tie­nen la finalidad de enriquecer al hombre, de mejorarlo, de hacerlo más semejante al que lo creó, nunca de hacerlo retroceder. El fenóme­no de los animales, aun como simbolismo, es absurdo.

En una reciente visita al sur de Suecia co­menté lo de la risa de Toronto con un pastor y me dijo que ya eso era viejo. Lo que está aho­ra de moda es hacer como los pollos. Mi ami­go, para ilustrar, hizo unos movimientos con la cabeza imitando a un pollo picando maíz. Me dijo que hacen eso hasta que se golpean la frente en una de las picadas y quedan como en éxtasis. También me dijo que rugen como león, imitando al león de la tribu de Judá atacando a las milicias espirituales. ¡Hasta qué nivel se puede descender!

Con relación al fenómeno de la risa en par­ticular algunas preguntas deben plantearse. ¿Afirman que la experiencia es normativa? Seguido a la experiencia ¿se producen cam­bios positivos permanentes en la conducta de quienes la tienen? ¿Es la calidad del servicio cristiano superior después de la experiencia?

Si la respuesta a la primera pregunta es ne­gativa, y las respuestas a las últimas son afir­mativas, no creo que deba prestársele mucha atención al fenómeno, sino mirarlo como una curiosidad religiosa más.

Como dijimos al principio, «las modas vie­nen y las modas van, pero la Palabra de Dios permanece para siempre». Busquemos lo que en realidad importa, edifica y lleva a la madu­rez espiritual. Dejemos las cosas que satisfa­cen lo carnal, lo de niño; cosas que, al pasar la emoción del momento, dejan el espíritu va­cío. La vida en Cristo es mucho más grande que una mera experiencia pasajera.

LA LEY DE LA INFINITA CORNUCOPIA

El filósofo Leskek Kolakowski de Polonia tiene un princi­pio que llama Ley de la infinita cornucopia. Esta reza: «Siempre encontraremos un sinnúmero de argumentos para respaldar cualquier doctrina que querramos creer por cualesquiera razones». Al analizar los fenómenos que se propagan y defienden hoy día, la pregunta fundamental es si en verdad se conforman a las normas de la Biblia, en lugar de fijarnos en los argumentos que se usan para jus­tificarlos.

Martin E. Marty, en el boletín Context®, Vol. 28, No. 11, Junio 1 de 1996

JONATHAN EDWARDS

Cómo saber que una obra es del Espíritu Santo

Jonathan Edwards (1703-1758), en el gran avivamiento es­piritual que corrió por las colonias americanas, tuvo que tratar con unas grandes y variadas manifestaciones espiri­tuales. Haciendo un llamado a «probad los espíritus...», pre­dicó su famoso sermón: Cómo saber que una obra es del Espíritu Santo, basado en I Juan 4.1 -6. Enseñó que las ma­nifestaciones extraordinarias no son necesariamente prue­bas de la presencia y obra del Espíritu Santo. Estas tienen que ser verificadas por enseñanzas claras de la Biblia. Con­cluye que se sabe que una obra es realmente del Espíritu cuando el creyente:

1. Ya no sigue viviendo en el pecado, busca la pureza
2. Ya no es auto-guiado, sino que se ha convertido en Espíritu-guiado
3. Ahora coloca a la Biblia como lo prioritario en su vida
4. Jesucristo llega a ser lo más importante en su vida
5. Ahora lucha en contra de los intereses mundanales
6. Con la Biblia en mano, sabe distinguir entre la verdad y el error
7. Ahora ama de forma visible y real a Dios y al próji­mo
8. Ya no vive para complacerse a sí mismo, ahora se goza en su «adopción como hijo» y busca la gloria del que abraza como «Abba, Padre»

El anterior articulo fue tomado de GUIA PASTORAL, Volumen I 1997
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