Mostrando entradas con la etiqueta CRISTO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CRISTO. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de diciembre de 2020

Verdades Fundamentales - J. C. Ryle - (Spanish Edition)- ¡Descarga Gratis!

 




"Dondequiera que el gran Apóstol de los Gentiles iba, predicaba la misma doctrina, y la ponía al frente de su predicación. Se dirigió a oyentes muy diferentes, y a personas de mentes muy distintas. Pero siempre usó la misma medicina espiritual, ya sea en Jerusalén, o en Antioquía de Pisidia, o en Iconio, o en Listra, o en Filipos, o en Tesalónica, o en Berea, o en Atenas, o en Éfeso, o en Roma." J.C. Ryle


Sobre el Autor:


John Charles Ryle (1816-1900) fue un prominente escritor, predicador y clérigo anglicano en la Gran Bretaña del siglo XIX. Es el autor del clásico Pensamientos Expositivos sobre los Evangelios. Se retiró como obispo de Liverpool en 1900, a los 83 años.


Tenemos el gusto de publicar la obra Verdades Fundamentales por J. C. Ryle. Disponible en Amazon en la versión Kindle y Paperback. También les compartimos una versión especial gratuita en PDF. Confiamos en el Señor será de bendición no solo a quienes conocen a Cristo, sino también a aquellos que aún no han venido a Él. Por tal motivo, les animamos a que la lean y la compartan en sus redes sociales con amigos o familiares, de tal forma que utilicemos todos los medios que estén a nuestro alcance para proclamar el Evangelio. 


Si ustedes desean de forma voluntaria apoyar nuestro Ministerio Palabra de Libertad, para que podamos seguir traduciendo y publicando mas obras y material de edificación, lo puede hacer adquiriendo nuestras obras publicadas en Amazon (Kindle o Papel), donando a través de Paypal, o compartiendo nuestras publicaciones en Facebook, Twitter y Blogger.


Descargar  Kindle Paperback



jueves, 17 de septiembre de 2020

El escándalo de la Cruz | Romanos 9:30-10:4 | Ps. Sugel Michelén - Transcripción

 




Descargar PDF

Les invito a abrir sus Biblias en Romanos capítulo 9, y nuestro anhelo, nuestra oración es que el Espíritu de Dios descienda con poder mientras Su Palabra es predicada; despertando algunos creyentes que tal vez están dormidos, animando a los que están corriendo, pero también levantando muertos por el poder de Su Palabra. Vamos a orar: ¡Oh Bendito Rey! ciertamente esperamos ese día de gloria cuando los cielos se despejen como un pergamino y nosotros veamos a nuestro precioso Salvador descender del cielo para que nosotros estemos para siempre con Él, pero permanecemos aquí señor y debemos hacer Tu obra, Padre bendice Tu Palabra hoy ¡Oh Espíritu Santo! desciende sobre esta congregación, y aun aquellos que nos están mirando de lejos, obra Señor, muéstranos a Cristo en esta mañana, porque te lo pedimos en Su Nombre, amen y amen.

 

Una de las grandes ventajas que tiene el hecho de exponer un libro de la Biblia versículo a versículo —lo que se conoce como predicación expositiva consecutiva— es que nos permite ver cada texto de las Escrituras dentro de su propio contexto y de esa manera podemos percibir más fácilmente la armonía, el balance de la revelación de Dios. Cuando nosotros enfatizamos un aspecto de la verdad de las Escrituras por encima de otros, terminamos haciendo una caricatura de la verdad. Se parece a lo que la Biblia enseña, pero es una imagen distorsionada, es una imagen deforme de la realidad. Ese balance y esa armonía de la Palabra de Dios se percibe claramente en el capítulo 9 de la carta a los Romanos en los versículos 6 al 29. Pablo nos muestra que Dios ha estado llevando a cabo Su plan de salvación en Cristo, llamando eficazmente a todos aquellos que fueron elegidos de pura gracia. De manera que el énfasis de toda esta sección de la carta está en la elección incondicional, en la elección soberana de Dios, pero esa es una cara de la moneda.

 

Al llegar al versículo 30 Pablo nos presenta la otra cara. Si bien es cierto que Dios es el responsable final de nuestra salvación, Pablo nos va a decir ahora que los incrédulos son responsables de su perdición, son responsables. El énfasis en esta sección está en la responsabilidad humana, y recuerden que Pablo está tratando de responder la pregunta ¿por qué los judíos generalizadamente rechazaron al mesías? ¿cuál fue su problema? estos israelitas tenían en sus manos las Escrituras del Antiguo Testamento. Ellos conocían las promesas del pacto que Dios había hecho con Abraham y su descendencia. Pero vino el Mesías y la mayoría de los israelitas los rechazó, y Pablo se pregunta ¿por qué? la respuesta de Pablo en esta sección de la carta es que ellos decidieron mantenerse en su incredulidad. La soberanía de Dios no anula, no elimina la responsabilidad humana. Dios es soberano, nosotros somos responsables.

 

De manera que podemos resumir el problema de los judíos y de millones de incrédulos a lo largo de toda la historia, y aún en el presente. Podemos resumirlo en dos grandes encabezados; el primero, es que estos judíos e incrédulos —la mayoría de ellos religiosos— procuran alcanzar el favor de Dios por medio de las obras y no por medio de la fe, ahí está el problema. Procuran alcanzar el favor de Dios por medio de las obras y no por medio de la fe. El versículo 30 ¿Qué diremos entonces? una frase típica del apóstol Pablo en la carta a los Romanos, cuando él va a pasar a otro aspecto del mismo tema, o cuando él está preocupado porque sus lectores no lleguen a conclusiones equivocadas ¿Qué diremos entonces? Que los gentiles, es decir, para aquellos que no están familiarizados con el lenguaje de la Biblia, los gentiles eran los paganos que no conocían a Dios, el mundo antiguo estaba dividido entre los judíos y todos los demás, los gentiles, los paganos que no tenían en sus manos la Biblia y ¿qué dice Pablo? que los gentiles que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe.

 

Estos gentiles que Pablo describe ampliamente en el capítulo 1 de Romanos, no tuvieron ninguno de los privilegios de los judíos. Ellos no estaban persiguiendo una correcta relación con el Dios vivo y verdadero. Es a eso que se refiere Pablo cuando dice aquí: que [ellos] no iban tras de la justicia, es detrás de una correcta relación con Dios. Aunque algunos de estos paganos como por ejemplo Séneca, eran moralistas la gran mayoría de ellos, eran idólatras y esa idolatría los llevó a una rampante inmoralidad, esa era la condición generalizada de los paganos. Sin embargo, cuando el Evangelio de la gracia de Dios en Cristo, el evangelio de la justificación por la fe sola comenzó a penetrar en el mundo grecorromano, la cantidad de gentiles que abrazaron el Evangelio fue muchísimo mayor que la de los judíos. Ellos vinieron a ser una ilustración viviente de la enseñanza de Pablo en Romanos 9:16 que la salvación no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia, porque estos gentiles no estaban persiguiendo con afán tener una relación correcta con Dios, pero eso fue lo que obtuvieron por medio de la fe, dice Pablo.

 

Ellos creyeron en Cristo, la elección incondicional no elimina nuestra responsabilidad de creer —la elección es incondicional no la salvación— la salvación está condicionada a que tú creas y te arrepientas, la elección es incondicional, pero tú tienes que creer y arrepentirte, esta es tu responsabilidad. Aunque la fe es un don de Dios, somos tú y yo los que creemos, y al hacerlo recibimos como un regalo la justicia de Dios en Cristo. Para poder estar en la presencia de Dios hay que ser tan justos como Él. No se puede tener una justicia ¡un poquito menor! hay que ser tan justos como Dios. Pero ningún ser humano puede llenar ese estándar, Romanos 3:10 no hay justo, ni aún uno, así que la única solución es: recibir esa justicia de Dios como un regalo al poner toda nuestra confianza en el único justo de la historia, nuestro Bendito Señor y Salvador Jesucristo, Él es el único justo.

 

Así que es por medio de la fe y solo por medio de la fe. Romanos 1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Romanos 3:21 Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas, este mensaje no era nuevo, es el mismo del Antiguo Testamento, es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen, sean judíos, sean gentiles, todos los que creen. Romanos 5:1 Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo ¡Nunca, nunca! fue la intención de Dios salvar a los hombres a través de la obediencia a la ley. Entonces ¿para qué sirve la ley? primariamente para mostrarnos que no podemos cumplirla, no es el único propósito de la ley, pero la ley es como un espejo que nos hace ver cómo estamos realmente. La ley nos muestra la necesidad que tenemos de un Salvador, que haga por nosotros lo que ni tú ni yo podemos hacer.

 

Pero lamentablemente, vino el Salvador —al que la ley apuntaba— y los judíos los rechazaron ¿cuál fue el problema? que en vez de ir detrás del Salvador anunciado por la ley se fueron detrás de la ley. Dice Pablo, Romanos 9:31 pero Israel, que iba tras una ley de justicia, no alcanzó esa ley. Ellos no iban detrás del Salvador al que apuntaba la ley, ellos se fueron detrás de la ley. Los judíos tergiversaron las cosas haciendo de la ley un medio de salvación, y por supuesto se quedaron muy cortos de llegar a la meta, no alcanzaron el estándar de la ley. Ellos decidieron llegar a Dios por un camino intransitable para seres humanos imperfectos y pecadores como tú y como yo (vs. 32) ¿por qué dice Pablo no alcanzaron la ley? Porque no iban tras ella por fe, sino como por obras, la frase clave aquí es: como por obras, como si fuera por obras. Ellos se fueron detrás de la ley como si fuera posible para el hombre obedecer el estándar de justicia que requiere la ley. Pero eso no es posible. Eso fue lo que hizo necesario que el Hijo de Dios se hiciera hombre y muriera en una cruz —que no podemos salvarnos por nosotros mismos.

 

Pablo dice en Gálatas 2:21 que, si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano. Si había otra forma de salvarse ¿por qué Dios envió a Su Hijo? ¿por qué? No se puede alcanzar la justicia guardando la ley. El problema es que ese mensaje aplasta el orgullo humano, ahí está todo el problema. El evangelio destruye nuestra justicia propia. Nos deja sin argumentos para jactarnos de nosotros mismos ¡Yo no quiero ese Evangelio! porque no tengo de que jactarme. Pablo en Romanos 3:27 dice; ¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley. Lo que Pablo está diciendo es: tenemos dos opciones, o nos jactamos en nosotros mismos, o nos jactamos en Jesús, pero no se puede hacer las dos cosas al mismo tiempo. La gran mayoría de los judíos como de los incrédulos en el día de hoy decidieron seguir jactándose en ellos mismos. (9:32b) Tropezaron en la piedra de tropiezo, tal como está escrito: He aquí, pongo en Sion una piedra de tropiezo y roca de escandalo; y el que crea en el no será avergonzado.

 

Pablo está citando aquí dos pasajes que se encuentran en el libro de Isaías (8:14; 28:16) y si se conecta estos dos textos se verá que su mensaje básico es este: los que confían en el Señor encontrarán seguridad y refugio en medio del juicio. Dice Isaías, Dios mismo vendrá a ser un santuario para ellos ¡increíble! como un templo que nos cubre, Jesús es la piedra angular de ese templo. Pero aquellos que decidan poner su confianza en otro lugar tendrán que enfrentar inevitablemente el juicio de Dios. De hecho, el mismo Jesús les dijo a los líderes religiosos de su época (Mateo 21:44) el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos, eso salió de la boca de Jesús; el que caiga, el que tropieza y cae, sobre esta piedra será hecho pedazos. Así que con Jesús solo hay dos opciones: refugio o condenación; seguridad o juicio. Todo depende de lo que tú hagas con esa piedra, todo depende de Él, o te escondes debajo de esa piedra o tropiezas en ella y te destruyes. Lo que Pablo está diciendo aquí es que la gran mayoría de los judíos tropezaron con Jesús, no porque hubiera [algún] defecto en Él, sino porque ese tipo de Salvador nos deja mal parados, ese tipo de Salvador destruye nuestra justicia propia.

 

Si predicamos como se predica en muchos púlpitos en el día de hoy: que Cristo vino a darnos un ejemplo de amor sacrificial que debemos imitar para ser salvos. Puede que muchos te oigan de buena gana, ese mensaje es atractivo; eso es lo que necesitamos hacer, imitar el amor de Jesús, el mundo sería un lugar ideal si todos pudiéramos amar como Jesús. Pero cuando le dices: ni lo intentes que no vas a poder, debes reconocer tu impotencia y recibir por medio de la fe el regalo que Dios te ofrece en Cristo gratuitamente por gracia. En vez de decir: ¡Oh wow, si, dame ese regalo! ¡No! muchos se ofenden ¡es una ofensa! ese es el escándalo de la cruz, como Pablo se refiere al Evangelio en Gálatas 5:11. Si bien de paso es el pasaje que usamos como base para el título de este sermón: El Escándalo de la Cruz. La cruz resulta escandalosa para todo el que es incapaz de verse a sí mismo como un pecador, que merece el infierno y que no puede salvarse a sí mismo. El que no puede ver eso, la cruz es un escándalo.

 

Ahora te pregunto antes de seguir adelante ¿qué es Cristo para ti, una piedra de refugio o una piedra de tropiezo? porque eso va a decidir tu destino en el día del juicio. Dice el Señor: El que no está conmigo, está contra mí (Mateo 12:30). La neutralidad es imposible con Jesús. Hay personas que dicen: yo no estoy en contra de Cristo simplemente Él me es indiferente. Eso es enemistad contra Él, eso es un desprecio a Jesús, eso es pisotear a Jesús. Con Él la neutralidad no es posible. Estar en contra del Rey de Reyes, del Señor de los Señores es una locura. Escóndete, refúgiate en esa roca, porque el que pone en Él toda su confianza, no será avergonzado (Romanos 9:33). La idea aquí es que seremos vindicados en el tribunal de Dios, declarados sin culpa porque ya Dios dio ese veredicto desde que depositamos nuestra fe en Jesús, Dios nos declaró sin culpa en Su tribunal. Anulada el acta de los decretos, ya no hay nada contra nosotros en el cielo ¡qué gozo! podemos morirnos tranquilos.

 

Alguien decía: procura que el día que te toque morir solo te haga falta morirte, que no tengas cuentas pendientes en el tribunal de Dios, y ya no tenemos. No seremos avergonzados en el día del juicio ¡porque nuestro abogado mostrará las marcas de Su cuerpo partido en la cruz! no hay deuda pendiente. Te pregunto una vez más ¿te has refugiado en Cristo, o estás tratando todavía de llegar al cielo a través de la escalera de tu propia obediencia?

 

Pero hay un segundo aspecto que Pablo señala en cuanto al problema de los judíos ¿por qué rechazaron al mesías? Por la misma razón por la que muchos religiosos los rechazan en el día de hoy. Dice Pablo, ellos tienen un celo por Dios que surge de la ignorancia religiosa y no del Evangelio ¿cuál es el problema? Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación.  Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. De paso aquí nos topamos una vez más con el misterio de la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. Pablo ha dicho en el capítulo 9 que es Dios el que elige, que la salvación está en Sus manos, pero ahora nos dice que él oraba por los judíos para que fueran los salvos. Este texto es similar a Romanos capítulo 9:1-5, donde Pablo menciona el profundo dolor que había en su corazón al ver a sus parientes según la carne separados de Cristo y bajo condenación.

 

 

Esto no era un mero problema intelectual para Pablo. Era muy doloroso para él ver a sus hermanos de raza rechazar el Evangelio, a pesar de todos los privilegios espirituales que ellos habían tenido como la nación escogida de Dios. Pero en vez de escudarse en la soberanía Divina para no hacer nada; Dios es [quien] se encarga de eso, la salvación está en sus manos ¡No! Pablo oraba por ellos y a la más mínima oportunidad les predicaba el Evangelio. Pablo creía que la salvación de los pecadores está en las manos de Dios, por eso le oraba a Dios, si la salvación estuviera en las manos del hombre no tiene caso pedirle a Dios que lo salve, porque ya no depende de Dios. Aquí está el balance de las Escrituras; el medio escogido por Dios para salvar a los escogidos —valga la redundancia— es la oración y el evangelismo, debemos orar y debemos evangelizar.

 

Pablo decía: Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna [2 Timoteo 2:10). Yo todo lo soporto yo, quiero que los escogidos se salven, y no se van a salvar sin el Evangelio. Dios ha prometido usar el poder del Evangelio para salvar a gente, millones de toda tribu, pueblo, lengua y nación. De paso este es uno de los textos que demuestran que no hay salvación fuera de Cristo, no la hay sin lugar a duda. Estos judíos eran religiosos. De hecho, Pablo dice que tenían celo de Dios (vs. 2) y aun así estaban perdidos ¿qué era lo que Pablo pedía por ellos? que fueran salvos, le pedía a Dios por su salvación. Ellos iban camino al infierno con todo y su celo.

 

Pablo lo sabía de primera mano, porque si hubo un judío fervoroso en el primer siglo, fue Saulo de Tarso. Lo que él dice de sí mismo cuando Pablo tuvo que presentarse delante del rey Agripa (Hechos 26:9-10) este testimonio es espeluznante. Pablo dice: Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto ¿qué hacemos Pablo? ¡mátalo! ese era Pablo, Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar. Pablo tomaba a estos cristianos y le decían los carceleros: golpéenlos hasta que maldigan a Jesús. Eso era Pablo, y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. Eso es fervor religioso, este era un hombre fervoroso. En Gálatas 1:14 dice: yo aventajaba [a la mayoría de mis] contemporáneos, y Pablo no lo decía con orgullo, con todo y su celo iba camino al infierno.

 

Contrario a lo que mucha gente piensa en el día de hoy, no es la sinceridad de una creencia la que salva. Puedes tomar un veneno creyendo sinceramente que es jugo de naranja y vas a morir envenenado. Proverbios [14:12] dice: Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte. Los judíos eran celosos, pero era un celo que provenía de la ignorancia. Fervor sin conocimiento es igual a fanatismo religioso. Lamentablemente debemos reconocer que hay mucho de ese fanatismo, de ese fervor fanático dentro de iglesias que se identifican como evangélicas. Es el tipo de fervor que surge de la idea equivocada, y es algo que está como muy sutil en nuestro corazón; la idea equivocada de que debemos tratar de ganarnos el favor de Dios a través del activismo religioso, o a través de nuestro desempeño, en vez de aceptar por fe lo que ya Cristo compró para nosotros en la cruz del calvario a precio de Su bendita sangre. Eso puede ser muy engañoso porque la persona se ve a sí misma haciendo un esfuerzo enorme por obedecer a Dios ¡no, lo que pasa es que tú eres frío, yo si estoy en esto, es difícil! Es una persona fervorosa en su obediencia, pero solo porque piensa erróneamente que de eso depende el favor de Dios; ¡tengo que leer mi Biblia, tengo que orar, tengo que predicarles el Evangelio a los perdidos, a los que no conocen al Señor! Si, los creyentes deben hacer todo eso y mucho más, pero no para ganarnos el favor de Dios sino porque ya fuimos favorecidos por Él, gratuitamente por gracia por medio de la fe en Jesucristo.

 

Todo fervor que nos surge de un correcto entendimiento del Evangelio es una trampa mortal, porque nos lleva de la mano, nos lleva de vuelta a la jactancia y alejarnos de Jesús. Aquí está el problema, pues desconociendo, ellos tienen celo de Dios, pero como no es conforme a un pleno conocimiento, desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios (Romanos 10:3). Todos los verbos que Pablo usa aquí apuntan hacia la responsabilidad humana ¿por qué se perdieron? Desconocieron, procuraron establecer, no se sometieron ¿Quiénes? Ellos, decidieron desconocer la justicia de Dios. En otras palabras, ellos no quisieron aceptar el regalo de la justicia que Dios nos ofrece en Cristo ¿Por qué? porque eso era muy humillante, trataron de establecer la suya propia ¡no queremos la salvación como un regalo, yo no soy ningún mendigo! Por eso alguien decía que, Israel permanecía en ignorancia no porque la información no estuviera disponible, sino porque les convenía permanecer ignorantes ¿Has visto esas personas que no saben ni quieren saber?

 

El fanático es una persona que se rehúsa a toda reflexión. El fanático no reflexiona porque él no tiene el menor interés de ser convencido. De manera que en la mayoría de los casos la ignorancia del fanático no es otra cosa que una protección de su arrogancia ¿tú me quieres quitar la única cosa en la que yo todavía me puedo jactar? Es por eso que un poco más adelante Pablo va a decir contra ellos, son un pueblo desobediente y rebelde (Romanos 10:21). Pablo no está dorando la píldora [suavizar una mala noticia] aquí, Pablo amaba a sus hermanos, pero todo médico sabe que el peor error que puede cometer con un paciente es dorarle la píldora, hay que decirle cuál es el problema. Pablo amaba a sus hermanos, a los judíos, y los amaba con tal sinceridad que él estaba dispuesto a ser odiado con tal de decirles cuál era la naturaleza de su problema; ustedes son unos arrogantes, ustedes son unos jactanciosos. No venga a decirme que tú no has creído porque Dios no te ha elegido ¡olvídate de eso! Tu problema es que ¡tú no quieres este Evangelio, no lo quieres porque te deja malparado, eres un soberbio! eso es lo que Pablo está diciendo, es tu arrogancia.

 

Es una ignorancia culpable, ellos tenían la Biblia. Pablo dice: ¿ustedes no tenían la ley? ¿quién puede obedecer ese libro? Dios dice: Yo voy a circuncidar tu corazón [Dt. 30:6] ¿no lo decía Dios en un montón de lugares en el Antiguo Testamento? Yo pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne [Ezequiel 36:26] Yo lo voy a hacer porque ustedes no pueden hacerlo. La parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18) es el cuadro que tenemos aquí en Romanos, dice: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos (aunque era un judío, a los ojos del judío era como gentil, era como un pagano). El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. "Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano." ¡qué figura! ¡Oh gracias, Señor, te pasaste conmigo! Claro, la gente no dice eso con la boca.

 

La hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud. La gente quiere aparentar que es humilde porque sabe que la humildad es lo correcto, pero en el fondo es un soberbio. Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, ¿saben lo que implica esto? El fariseo estaba orando ahí mismo del lugar santísimo, él puede acercarse. El publicano estaba en la última fila de atrás, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, ten piedad de mí, pecador", y el texto original dice el pecador, de todos los pecadores, yo soy el más pecador. Y dice Cristo ahora: Os digo que éste descendió a su casa justificado, declarado justo, inocente, sin culpa en el tribunal de Dios, pero [este fariseo] no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado. Jesús lo resume todo en estas dos actitudes del corazón; ensalzamiento y humillación. El religioso no quiere reconocer que sus buenas obras y su religiosidad son dinero de monopolio en el reino de Dios, papelitos que no sirve de nada. Imaginen un tipo que llega al banco con un maletín: quiero hablar con el gerente, voy a depositar 2 millones de dólares ¡wow! ¿usted tiene 2 millones? Si, en este maletín, dinero de monopolio. Créanme, no van a llamar al gerente, van a llamar a un psiquiatra. Tus buenas obras no circulan, esa moneda no circula en el reino de Dios, la única moneda que circula en el cielo es la justicia de Jesús, es la única moneda.

 

Pero ellos no quieren venir como mendigos, clamando por misericordia, prefieren seguir esforzándose por obedecer la ley antes que recibir de la mano de Dios el regalo de Su justicia en Cristo por medio de la fe. De esa manera están pisoteando el regalo de Dios. Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree (Romanos 10:4) Ellos no quieren eso, porque Cristo es el fin de la ley. Lo que Pablo está diciendo aquí, no es que los creyentes ya no tienen obligación con la ley. Romanos 6 y 7 dice claramente que no, la ley es santa, justa y buena, ese no es el problema, como dice Martyn Lloyd-Jones: la ley continúa siendo la expresión permanente de la voluntad de Dios para el hombre. Pero Cristo es el fin de la ley, o el clímax de la ley, o la consumación de la ley porque Él satisfizo todas sus demandas a la perfección, y luego fue a la cruz para llevar la maldición, el castigo que la ley impone sobre nosotros por causa de nuestro pecado. Por decirlo de alguna manera, la ley aterriza en Cristo, Él es el destino de la ley, pero el religioso se rehúsa a desembarcar.

 

Imaginen a un individuo que va en el avión y cuando llegan el piloto dice: ya aterrizamos, ya pueden salir en orden, y el tipo diciendo: yo aquí me quedo, yo quiero seguir volando, pero ya llegamos ¡ya apéate que ya llegamos! este avión aterrizó en un lugar extraordinario porque ahora podemos disfrutar en Cristo de todas las bendiciones de Dios gratuitamente por gracia, por medio de la fe, y tú quieres seguir en el avión. Ahora, noten algo de extrema importancia para volver a mi encabezado, hemos dicho que el problema de los judíos y de muchos incrédulos religiosos que hay en el mundo, es que tienen un seno equivocado por Dios, porque es un fervor que no surge del Evangelio. Pero hay un fervor informado que el Evangelio debiera producir en el creyente, y que debe ir en aumento en la misma medida en que adquirimos un mejor entendimiento de la misericordia de Dios en Cristo.

 

Pablo no está en contra del fervor ¿A dónde va a llegar Pablo? Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, (tengo once capítulos hablándoles de la misericordia de Dios para con pecadores que no lo merecen), os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional (Romanos 12:1). Es ahí donde debemos llegar. ¿Como debiéramos reaccionar a la realidad de que, por la pura gracia de Dios tú y yo fuimos destinados de antemano, desde antes de la fundación del mundo para ser hechos vasos de misericordia? Obviamente que esa gente puede escuchar la pieza más increíble de música, pueden ver el paisaje más hermoso y no se inmutan. Hay creyentes que parecen estar observando, oyendo la música del Evangelio, viendo la hermosura de Jesucristo desplegada en el Evangelio, pero parece que no se inmutan. Observen lo que dice Pablo no seáis perezosos en lo que requiere diligencia; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor (Romanos 12:11), esta palabra que se traduce como ferviente en nuestras Biblias da la idea de alguien cuyo espíritu está en ebullición, es lo contrario a la apatía, a la indiferencia, a una vida cristiana que se vive en automático. Hay muchos creyentes que están viviendo sus vidas cristianas en automático. Están haciendo las mismas cosas que antes, pero han perdido su primer amor, y Cristo les dice como a los Efesios; arrepiéntanse y hagan las primeras obras [Ap. 2:5] ¡vuelvan, vuelvan!

 

El fervor y el fanatismo no son la misma cosa. Es verdad, como Martyn Lloyd-Jones dice que: se puede estar fanáticamente dedicado a Dios y aun así estar perdidos. Eso es lo que Pablo esta diciendo en Romanos 10:1-2, pero al mismo tiempo no deja de ser extraño que haya tanta gente que profese ir camino al cielo por la pura misericordia de Dios, y desconozcan por completo el verdadero fervor que produce el Evangelio. Miren el ejemplo del apóstol Pablo ¿qué fue lo que provocó que este fervoroso fariseo se convirtiera en un fervoroso cristiano? ¿qué fue lo que hizo la diferencia? que él vio la gloria de Jesús camino a Damasco. Nosotros vemos la gloria de Jesús en este libro, en el Evangelio (2 Corintios 4:1-6), la misma gloria. Tú no tienes que tener el mismo encuentro con Jesús que tuvo Pablo camino a Damasco. Pablo mismo dice: Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo (2 Corintios 4:3-4).

 

El diablo le tiene el ojo cegado. Pero ¿qué hace el Evangelio? Pablo dice: yo en cambio predicó a Cristo (vs. 5) saben ¿por qué? Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Co. 4:6) ¡La misma gloria que yo vi es la que vemos en el Evangelio cuando Dios nos abre los ojos! Podemos nosotros decir “¡que interesante!”, pero no solamente esto fue lo que convirtió a Pablo de un fervoroso fariseo en un fervoroso cristiano ¿qué fue lo que mantuvo la llama de ese fervor hasta el día de su muerte? Lean la vida de Pablo, un entendimiento cada vez más profundo de la misericordia de Dios en Cristo, que lo llevó a un aprecio cada vez mayor de su Salvador y de su salvación. Ese es el testimonio que él da en Filipenses 3, después de mencionar su pedigrí religioso; yo era fariseo, yo era hebreo de hebreos, etc., dice, Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor (por amor), por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristoy ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley (Romanos 9), sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe (Fil. 3:7-9). Pablo no sólo fue fervoroso cuando se convirtió, él mantuvo ese fervor década, tras década, tras década, tras década. Porque el Evangelio nunca dejó de ser para él una noticia sorprendente.

 

Hay al menos tres aplicaciones breves que quiero traer antes de terminar. En primer lugar, cuídate del legalismo. No olvides que el legalista no es aquel que toma en serio la ley de Dios, ¡no, no, no! debemos tomar en serio la obediencia, debemos tomar en serio nuestros deberes cristianos. El legalista es aquel que hace todo eso para ganarse algo que ya Cristo compro ¡cuídate del legalismo! ¡cuídate legalismo! Este problema no es nuevo, alguien decía, autor del siglo XVII, el poeta inglés Richard Lovelace: todos gravitamos de manera automática hacia la suposición de que somos justificados por nuestro nivel de santificación, de manera que comenzamos cada día haciendo que nuestra seguridad personal no descanse en el amor de Dios, ni en el sacrificio de Cristo, sino en cómo nos sentimos en el momento, o en nuestros logros recientes, y como estos argumentos nunca aquietan la conciencia humana somos movidos inevitablemente a crear una justicia propia que limpie nuestro historial y así lograr sentirnos en paz. (Ayer no fue un buen día, hoy tengo que hacer mejores obras) ¿tú quieres limpiar el historial? Arrepiéntete, confía en la promesa de que la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado ¡levántate! y sigue corriendo la carrera con los ojos puestos en Jesús, no en tus propios logros ¡cuídate del legalismo! porque es fatal para la vida cristiana, y produce un tipo de fervor que alimenta el orgullo y nos aleja de Jesús.

 

En segundo lugar, la enorme importancia de seguir creciendo en nuestro entendimiento del Evangelio. A veces perdemos de vista que la carta de Pablo a los Romanos era una carta, que no fue enviada a un seminario, fue enviada a una iglesia. Todo eso que Pablo ha dicho acerca de la elección incondicional, acerca de cómo Dios de la misma masa hizo vasos de misericordia, él quería que una iglesia de gente común y corriente, como tú y como yo, algunos de ellos analfabetas, que no sabían ni leer ni escribir, y Pablo quería por inspiración del Espíritu Santo que ellos entendieran todo eso ¿Por qué? ¡Oh! porque nosotros debemos mantener en nuestras mentes que todas las bendiciones que recibimos de la mano de Dios son nuestras únicamente por causa de la justicia perfecta de Cristo, que fue puesta en nuestra cuenta por medio de la fe. Necesitamos conocer mejor el diamante del Evangelio. Eso es lo que nos permite decir como Pablo; que preferimos dar por perdidas todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor.

 

¿Tú estás viviendo en automático tu vida cristiana? no te lo permitas, hay momentos en que nosotros nos damos cuenta de que estamos viviendo por inercia, a mí me ha pasado, más de lo que yo quisiera recordar. Pero si Dios te ha dado luz en esta mañana y dices: ¡espera, espera! estoy viviendo en automático ¡despierta! Despierta, vuelve a recordar quien eras tú, vuelve a recordar lo que Dios ha hecho por ti en Cristo, vuelve a recordar las glorias de Jesús ¡despierta, no te permitas la mediocridad espiritual! Pídele a Dios en oración: ayúdame a entender esto Señor ¡Oh! hasta que tú puedas decir como el Salmista: ¡Cuán preciosa es, oh Dios, tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de tus alas. Se sacian de la abundancia de tu casa, y les das a beber del río de tus delicias. Porque en ti está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz [Sal. 36:7-9]. Decía C.S. Lewis que: la luz del sol no solo es lo que nos permite ver la luz, sino ver todo lo demás a través de esa luz. Es a través del conocimiento de Dios que nosotros podemos ver e interpretar la realidad tal cual la realidad es, en tu luz vemos la luz.

 

En cuarto lugar, ora y evangeliza. Vive conforme a lo que Dios ha revelado y no queriendo entender y conocer lo que Él no ha revelado; yo no sé quiénes son escogidos ¡Ora, ora! por tus familiares incrédulos ¡Ora! por tus amigos ¡Ora, ora, ora! Porque de alguna forma misteriosa que ni tú ni yo podemos entender, Dios ha decidido obrar por medio de la oración. Predica el Evangelio, porque el Evangelio es poder de Dios para salvación.

 

Finalmente, si tú estás aquí sin Cristo, quiero volver a reiterarte, lo que decíamos anteriormente; no hay término medio con Jesús, o te refugias en esa piedra o terminarás aplastado por el peso de la justicia de Dios contra tu pecado. ¡Oh! ven y refúgiate en Cristo. Acógete hoy a la misericordia de Dios, si, ven como un mendigo que no tiene nada que ofrecer excepto una mano desnuda diciendo: Señor límpiame de mi pecado, perdóname Señor, acéptame en Cristo, porque yo no tengo méritos por los cuales tú me puedas aceptar, acéptame en Jesús ¡Oh! que Dios bendiga Su Palabra. 


Descargar PDF

sábado, 30 de mayo de 2020

Tres Días que Cambiaron la Historia | Cap #103 | Entendiendo Los Tiempos - T2 [Transcripción]



Integrantes:

 

-        Eduardo Saladín (anfitrión)

-        Sugel Michelén

-        Miguel Linares

 

Ps. Eduardo: Hay eventos que cambian el curso de la historia, pero ninguno es comparable a los últimos tres días en la vida de nuestro Señor Jesucristo, lo que se conoce como la “semana de la pasión”, la semana de los padecimientos de Cristo. ¿fue esto una tragedia o una victoria? ¿cuáles son las implicaciones para nosotros, de lo que sucedió en esos tres días?

 

Tres días que cambiaron la historia, es el tema que estaremos tratando en su programa de hoy: Entendiendo los Tiempos. Y tenemos con nosotros como invitado, al pastor Miguel Linares. Miguel bienvenido nuevamente al programa.

 

Ps. Miguel: Gracias Eduardo, gracias Sugel, para mí es un tremendo placer estar aquí junto a ustedes.

 

Ps. Eduardo: Gracias por aceptar la invitación.

Sugel, “Tres días que cambiaron la historia”, como hablábamos antes de empezar el programa, ¿Qué sucedió en ese tiempo allí?

 

Ps. Sugel: Bueno debemos recordar que Cristo nace en la aldea de Belén, en una aldea absolutamente insignificante, de hecho, hay un himno muy famoso que dice: ¡Oh aldehuela de Belén!; si tú buscas en el diccionario “aldehuela” es un lugar que no llega ni a la categoría de aldea, y en ese lugar insignificante, en una nación pequeña, dominada por el imperio romano, nace el Señor Jesucristo, de una familia pobre, de un padre carpintero, el padre adoptivo del Señor, porque todos sabemos, cómo dicen los evangelios, que Cristo nace de María que era virgen en el momento que concibió al Señor Jesucristo, y durante 30 años el Señor Jesucristo pasa su vida en una total oscuridad, trabajando junto a su padre, como lo haría cualquier judío de aquellos días, pero al cumplir los 30 años Cristo cierra el taller de carpintería, ya José había muerto muy probablemente, y el Señor Jesucristo se dirige al río Jordán donde es bautizado por Juan el bautista, y comienza su ministerio público por tres años; y ¿a dónde voy? perdón por la pregunta tuya; es que tres años más tarde, los líderes religiosos de la nación lo acusan de blasfemo, los llevan delante de Pilato, Cristo muere, y aparentemente —como tú decías— eso parecía una total derrota, una vida completamente desperdiciada.

 

Pero como vamos a ver en el resto de este programa, lo que sucedió inmediatamente después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo, cambió por completo, no solamente la faz del imperio romano, cambió por completo la historia.

 

Ps. Eduardo: Antes de hablar de: ¿Cómo la muerte de Cristo —su ministerio— cambió la historia? ¿Qué pasaba con ese imperio romano? ¿Cuál era la situación social, política en ese momento?

Ps. Sugel: El imperio romano fue uno de los más grandes imperios que tuvo la historia del mundo, Roma fue avasallante en las victorias que obtuvo desde algunas décadas antes del nacimiento de Cristo, hasta prácticamente el año 300 y tantos, cuando los bárbaros invaden Roma. Roma era una nación politeísta, adoraban muchos dioses; era un imperio muy corrupto moralmente hablando; — los Césares, por ejemplo tenían vidas totalmente licenciosas, muchos de los Césares o algunos de los Césares, eran abiertamente homosexuales, en Roma se adoraban dioses y diosas, que solamente en el contexto en que se hacía la adoración, era completamente orgiástico— o sea, Roma le legó al mundo, por un lado la ley romana, la famosa “Lex Romana”, que también tuvo un impacto en la historia de occidente, y eso no se le puede negar, Roma creó carreteras que unían todo el imperio —por eso se decía en aquellos días que todo lo caminos llegaban a Roma— o sea, no fue simplemente que todo lo que Roma hizo estuvo mal, pero indudablemente, desde el punto de vista “moral”, Roma fue un desastre; y fue ese desastre interno lo que lleva a Roma a su destrucción de manos de los bárbaros; Roma se debilitó internamente, y se debilitó por causa de la moral, y es precisamente en ese contexto que nace nuestro Señor Jesucristo.

 

Ps. Eduardo: Ahí nace nuestro Señor Jesucristo, en medio de esa situación, y eso [hace que se] empiece a predicar las buenas nuevas de salvación del evangelio. ¿Qué es eso Miguel?

 

Ps. Miguel: Las buenas nuevas de salvación, o lo que nosotros conocemos como “el evangelio”, es el resultado precisamente de la muerte de nuestro Señor y su resurrección; es el hecho de que Él ocupó nuestro lugar en la cruz, Él llevó sobre sus hombros nuestros pecados, Él pagó por ellos, y Él se levantó de la tumba, y en esa resucitación es que está nuestra esperanza de salvación, de que nosotros también resucitaremos con Él, como Él prometió.

 

Ps. Eduardo: ¿Cómo afectó eso Sugel, esa sociedad, ese mensaje?

 

Ps. Sugel: Quizás antes de llegar ahí Eduardo, yo creo que es importante que la gente que nos está escuchando, entienda esto, porque podemos concentrarnos en estos tres días que cambiaron la historia, y no entender, que esos tres días en realidad fueron el punto culminante de toda la historia de la redención, que comienza desde que el hombre peca en el huerto del Edén.

 

Hay un famoso cuadro de Rafael [La escuela de Atenas], en la época del renacimiento, donde se ven todos los filósofos griegos, y es un cuadro increíble, porque toda la perspectiva del cuadro te lleva la mirada hacia dos figuras que están en el centro, que son platón y Aristóteles, como diciendo toda la historia de la filosofía se centra en lo que esos hombres dijeron y enseñaron. Pero nosotros podemos decir que toda la historia del Antiguo Testamento, tiene una perspectiva, y te lleva la vista hacia esos tres días que cambiaron la historia, en otras palabras, la biblia hablaba del nacimiento de Cristo —mucho tiempo antes de su nacimiento—, profetizaba que iba a venir un Salvador, que iba a venir un Mesías, decía que ese Salvador iba a ser, obviamente, de la nación de Israel, que de esa nación de Israel, iba a ser de la familia de Judá —que fue uno de los hijos de Jacob—, de la tribu de Judá iba a ser de la familia de Isaí, y luego descendientes de David; o sea te va reduciendo el campo, para que tú puedas visualizar quién era ese individuo que iba a nacer, Jesucristo; y que iba a nacer en Belén, y aún hasta dice que iba a ser de una virgen (Isaías 7:14), y aún dice en Daniel capítulo 9, que iba a nacer en los días del imperio romano, de ese cuarto imperio.

 

Sin embargo, el énfasis de todo el Antiguo Testamento, no es, o no está, en la venida el nacimiento del Señor, sino en esos tres días; es como si todo apuntara, al hecho, de que ese Mesías que nació en Belén nació para morir, nació para morir en una cruz; de hecho David, en el Salmo 22, cuando todavía no existía la muerte por crucifixión, David describe lo que ocurre en una crucifixión, mil años antes del nacimiento de Cristo; o sea que la perspectiva del Antiguo Testamento es hacia allá; esos tres días que cambiaron la historia, y cuando tú lees el Nuevo Testamento –yo sé que hay personas que pueden decirme: yo no creo que la biblia es la palabra de Dios— bueno, si tú ves la biblia como un documento histórico, y tomas el Nuevo Testamento, te vas a dar cuenta que es una ampliación teológica, o una explicación teológica, de lo que sucedieron en esos tres días; resumiendo lo que estoy diciendo: todo el Antiguo Testamento, te lleva a eso tres días; todo el Nuevo Testamento te explica qué fue lo que sucedió en esos tres días, es el centro.

 

Ps. Miguel: Yo creo que es correcto el enfoque que Sugel da, incluso, la primera promesa de un Salvador, evoca su muerte, “Él aplastará la cabeza de la serpiente, pero será herido en su calcañar[Génesis 3:15], es aludiendo a esa muerte que ocurrió en el transcurso de esos tres días que cambiaron la historia.

 

Ps. Eduardo: ¿que sucedieron en esos tres días? yo quiero que veamos la cronología, y que veamos también las implicaciones de lo que ocurrió allí.

 

Ps. Sugel: El Señor Jesucristo pasó tres años predicando la palabra en Jerusalén, en Galilea, y eso molestó profundamente a los líderes religiosos de la nación por varias razones.

 

Ps. Eduardo:  Lo primero, ¿cuál era el mensaje que Él predicaba, que molestó a esos líderes?

 

Ps. Sugel: Okey, Él le decía a la nación: “el reino de Dios se ha acercado; —diciendo en otras palabras: yo soy el Rey de ese reino—…arrepentíos, y creed en el evangelio” [Mateo 4:17; Marcos 1:15]; ya eso le está diciendo, a los fariseos, a los sacerdotes de la nación, a los líderes religiosos en general, ¿ustedes creen que ya están en el reino? ¿ustedes creen que están bien delante de Dios?; pero yo les digo: que el reino tiene que ver conmigo; y, en segundo lugar, que ustedes están mal, ustedes están en pecado, y tienen que arrepentirse.

 

Ps. Eduardo:  Sugel, pero ellos estaban guardando la ley, como se decía en las escrituras, con mucha deficiencia; y hay muchas personas así en el día de hoy, que piensan que ellos están haciendo bien, que ellos no son asesinos, criminales, y piensan que por sus buenas obras se van a salvar, ¿cuál es el problema?

 

Ps. Sugel: Eso es una muy buena pregunta. Una de las cosas que la ley decía, es que, para poder salvarse a través de la ley, había que guardar “todos” sus puntos, desde la cuna hasta la tumba. El problema de los fariseos y de los líderes religiosos de Israel que escucharon a Jesús, es que ellos creían que las obras externas, era todo lo que se requería para poder estar en paz con Dios; y el Señor Jesucristo les dice: “oísteis que fue dicho no cometerás adulterio [Mateo 5:27]”, y ahí estaban los fariseos diciendo: ¡Check! yo nunca me he acostado con una mujer que no fuera la mía; pero Cristo les dice, “pero el que mira a una mujer para codiciarla, que no sea su esposa, ya adúltero con ella en el corazón [Mateo 5:28]”.

 

Ps. Eduardo:  Él explicó que no era la letra de la ley, sino el espíritu de la ley lo que había que cumplir.

 

Ps. Sugel: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; [Mateo 5:21]” y el fariseo decía, también ¡Check! Yo nunca he matado a nadie, “pero el que se enoja pecaminosamente contra su hermano, ya cometió asesinato en su corazón [Mateo 5:22]”.

Cristo está haciéndole ver a la gente de su época, las implicaciones —no solamente a los fariseos— Pero ellos fueron los que finalmente —los líderes religiosos junto con los sacerdotes, los miembros del sanedrín— llevaron a Cristo a dónde Pilato, para que fuera muerto; ellos se molestaron porque vieron que si las implicaciones de la ley, era lo que Cristo decía ellos, estaban muy mal delante de Dios, y a nadie le gusta que le saquen sus trapos sucios al sol, y eso fue lo que sucedió; ya que Cristo les dijo: “ustedes no están en el reino, ustedes están en pecado, ustedes necesitan arrepentirse, y el único que puede salvarlos, Soy Yo”.

 

Ps. Eduardo:  Y cuando les dio ese mensaje, Miguel, ¿ellos respondieron al mensaje?

 

Ps. Miguel: Ellos rechazaron el mensaje, y al mensajero también, ferozmente, al punto de llevarlo a la cruz, fue todo un plan urdido en ese sentido.

 

Ps. Eduardo: Ellos creían que estaban ganando en este pleito, en esta situación ¿verdad?

 

Ps. Miguel: Al final ellos pensaron que ganaron cuando lo vieron crucificado en la cruz, e incluso, hicieron todo lo posible para contrarrestar la enseñanza que Él les había dado, de que resucitaría al tercer día, ellos se ocuparon de que Pilato colocará un sello romano, y una guardia romana frente a la tumba, con tal de que los discípulos no vinieran, y contra una compañía de soldados, se robaran el cuerpo.

 

Ps. Eduardo: Sugel sigue con la historia, por favor.

 

Ps. Sugel: Bueno, ya cerca de los 3 años, el asunto comenzó a caldearse [calentarse] cada vez más — en la medida que Cristo iba predicando— porque el pueblo aparentemente, y es importante la palabra “aparentemente”, sobre todo en la región de Galilea, se estaba yendo detrás de Jesús; y en un momento dado el sumo sacerdote, decía: “mirad todo el mundo se va tras Él, este hombre se está convirtiendo en un peligro”; porque había otro problema, ellos entendieron que Cristo estaba diciendo que “Él era un Rey”; y no olvidemos que Israel estaba bajo el poder del imperio romano;— hoy diríamos bajo la bota imperialista del imperio romano— ¿cuál era el gran temor de los miembros del sanedrín?; el sanedrín era un grupo de unos 70 hombres que eran los que prácticamente controlaban la vida religiosa, política, civil, de la nación Israel; era como la suprema corte de justicia.

 

Ps. Eduardo: ¿Tú crees que esto fue una lucha de poderes, de perder el poder que ellos tenían?

 

Ps. Sugel: Era una lucha de poder, pero más que eso, ellos pensaron que de verdad la subsistencia de la nación, dependía de que ellos mataron a Cristo; hay un momento en Juan capítulo 11 [Vs. 47-50], cuándo [Caifás] le dice claramente al sanedrín: —es que ustedes no se están dando cuenta, que, si nosotros no salimos de este problema de Jesús, los romanos van a venir y van a invadir nuestra nación; no es mejor que un hombre muera, y no que toda la nación perezca— (…). El problema Aquí era, que ellos conocían los celos políticos del César; el César romano era adorado como un dios; fíjate Roma, —pues hemos estado hablando de Israel— pero Roma tiene una política interesante con respecto a asuntos religiosos, — ellos no se metían en eso— para Roma no había ningún problema en que tú adoraras un palo, si tú querías, un burro, lo que tú quisieras adorar, siempre y cuando asimilaras también, la adoración del César como señor, como “kyrios” que es la palabra griega.

¿Qué fue lo que molestó a los romanos, del cristianismo?, que los cristianos decían: “solamente Jesús es el “Kyrios” y fuera de Él no hay otro Señor”; entonces los miembros del sanedrín decían: — “si los romanos se dan cuenta de lo que esta gente está predicando, de lo que esté Jesús está predicando, “que Él es Rey”, nos van a invadir. Entonces que debemos hacer hay que salir de Jesús, hay que matar a Jesús, antes de que su popularidad se convierta en un problema [Juan 11:47-50]— porque no era la primera vez que Israel se veía envuelto en una guerra, o en un asomo de guerra civil, de personas que salían diciendo: “yo soy el Mesías”, y atraían a alguna persona y había una revuelta; de hecho, Barrabás, el famoso barrabás que fue soltado, fue absuelto en lugar de Jesús, en el fin el tribunal de Pilato, dice que él estaba en la cárcel por una sedición —era un revolucionario— que había ocurrido unos días atrás en Jerusalén —era un terrorista en el día de hoy—. Los judíos tenían temor, de que Jesús, provocara una revuelta, y que los romanos intervinieran en la nación, ese era el problema, entonces ahí era donde estaba la cosa, cuando llega el famoso domingo de ramos, que es cuando Cristo entra triunfalmente, imagínate que, en ese ambiente tan caldeado, de repente llega Jesús, y todo Jerusalén se agolpa en la entrada de la puerta, diciendo: “¡Hosanna! — es una palabra hebrea que significa: ¡Señor sálvanos ahora! —Bendito el que viene en el nombre del Señor”; con la agravante de que estaban a punto de celebrar en esa semana la fiesta de la pascua.

 

Ps. Eduardo:  Se calcula que en ese tiempo iban como un millón de peregrinos ¿eso era así?

 

Ps. Sugel: Se triplicaba el número de habitantes.

 

Ps. Eduardo:  Ósea que: ¿había ochocientas o un millón de personas, aclamando al Señor?

 

Ps. Sugel: Fácilmente, o más incluso.

 

Ps. Eduardo:  Ahora, el pánico que esto debió haber creado, ¿Miguel?

 

Ps. Miguel: Yo me imagino, y el nerviosismo de las autoridades romanas, que tenían una constante vigilancia sobre lo que pasaba en Jerusalén, sobre todo alrededor del templo; porque algo que Sugel nos señaló, del anuncio de Caifás, es que el temor de ellos era doble, era por la nación, la invasión, pero también por la destrucción de su lugar santo; sin el templo el judaísmo se va abajo, como efectivamente pasó después del año 70, el judaísmo desapareció en pocos años, después de la destrucción del templo, entonces el temor de ellos, era que, el avance de Cristo y su popularidad, y el hecho de que lo aclamaran como Rey, estaba atentando contra su lugar santo; de hecho, poder político —o sea como nación— y religioso.

 

Ps. Eduardo:  Sugel, en el segmento anterior hablábamos de la entrada triunfal del Señor a Jerusalén en medio de la fiesta de la pascua, eso estaba lleno de peregrinos, allí lo aclamaron, diciendo: ¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor!

 

Ps. Sugel: ¡Bendito el reino de David, nuestro Padre que viene!, era un mensaje, que no era solamente religioso.

 

Ps. Eduardo:  Miguel nos decía, que, en ese momento, las autoridades romanas viendo lo que sucedía tenían que tener mucha suspicacia, pero ¿cuál era la realidad? ¿qué hicieron las autoridades romanas?

Ps. Sugel: Primero que nada, déjenme explicar, qué significa “la fiesta de la pascua”, porque eso es importante. La pascua, era una fiesta religiosa, donde los judíos recordaban, como Dios milagrosamente había libertado al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Y en esa fiesta se sacrificaba un cordero, — y no debemos olvidar cómo fue que Juan el bautista presenta a Jesús al principio de su ministerio: “he aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, o sea que ya desde el principio se dijo: “este Hombre va a ser sacrificado como un cordero”— Ahora, ¿porque debemos señalar que era en la pascua? porque durante esa fiesta, siempre los judíos tenían el nacionalismo a flor de piel, porque ellos estaban recordando la gran victoria de Dios, cuando Dios los liberto de sus enemigos, era el día, ahora, la fiesta, donde los judíos clamaban a Dios que los librará del gobierno opresor de los romanos, porque los judíos odiaban a los romanos a muerte; y obviamente para los romanos, también los judíos eran como una espina en el costado; era tanto así, que Pilato que vivía en Cesarea Marítima, —recientemente tuvimos la oportunidad de visitar Israel, y sería lo que hoy está cerca del puerto de Jaffa, un poquito más arriba, estaba Cesarea Marítima —ahí Pilato, Herodes, tenían unas residencias increíbles, pero durante la fiesta de la pascua se trasladaban con un contingente de soldados a Jerusalén, y al lado del templo, pegado del templo, estaba la fortaleza Antonia, que era donde Roma vigilaba lo que sucedía en el templo, y sobre todo en fiestas como esas, como la fiesta de la pascua.

 

Ps. Eduardo: Para evitar un levantamiento, un alboroto.

 

Ps. Sugel: Ellos tenían que estar muy pendientes, en esos días, de lo que iba a suceder. Ahora, imagínate en este ambiente, llega Jesús, y un montón de gente comienzan a clamar: ¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro Padre David, que viene! Los miembros del sanedrín estaban muy nerviosos, a partir de ese momento.

 

Ps. Eduardo: Recapitulando, ellos temían perder su poder político y temían que Roma entonces tomara medidas más drásticas, pensando que había un levantamiento. — exactamente— ¿y entonces?

 

Ps. Sugel: Bueno, que el Señor llega el domingo, famoso “domingo de ramos”, la gente tendía palmas, tendía mantos, para que el Señor caminara, y Cristo entra en un pollino, para cumplir una profecía que estaba en el libro de Zacarías [Cap.9:9].

 

Ps. Eduardo: ¿Qué es un pollino, Sugel?

 

Ps. Sugel: El hijo de un asno, un burro joven.

 

Ps. Eduardo: O sea, Cristo no entro en un caballo blanco, como un vencedor en ese momento.

 

Ps. Sugel: Ahora, tenemos que entender que esa entrada de Jesús a Jerusalén, fue lo que para Julio César “el cruce del Rubicón”, cuando César ésta detrás del Rubicón, diciendo: si cruzaba con sus tropas, eso era una provocación, y era una declaración de guerra; (…) y finalmente la historia cuenta muchísimas cosas, pero el punto es que César dice: bueno la suerte está echada y cruzó el Rubicón. Buenos ese fue el cruce del Rubicón de Jesús.

 

Ps. Miguel: Es como la raya de Pizarro, también; más en la historia americana. La raya hacia atrás, la pobreza; hacia adelante, la riqueza.

Ps. Sugel: Ya no había vuelta atrás, Jesús entra a Jerusalén; y el lunes Él llega, mira lo que está pasando en el templo. ¡Ah! otra cosa interesante —que vimos ahora cuando estuvimos en Jerusalén, fue la plazoleta donde se colocaban los mercaderes, — el templo se convertía en un centro comercial, porque los peregrinos tenían que llegar con los corderos, en el patio del templo. (..) Miren que astutos eran los sacerdotes; imagínate tu venir kilómetros y kilómetros con una oveja para ser sacrificada, arriesgándote a que te la rechazaran al llegar a templo.

 

Ps. Miguel: Y había algo en la ley que decía acerca de eso; si tú vives muy lejos, tú puedes llevar dinero contigo y comprar en la ciudad dónde vas a hacer el sacrificio, lo que tú vas a sacrificar. Pero quienes tenían el negocio, eran los sacerdotes, y el punto es que, si yo traía mi oveja, me podían decir: “no esa oveja no es apta para el sacrificio; ve allí, que allí sí hay aptas, ya aprobadas por nosotros”. Entonces ahí estaba el asunto.

 

Ps. Sugel: Más el hecho de que tú venías con moneda extranjera, y había que hacer un cambio de moneda; estaban los cambistas, que también te cobraban un impuesto, eso pasa el día de hoy cuando tu cambias una moneda por otra, una moneda más fuerte por una más débil; el tema es que ellos vienen, Cristo llega al templo, ve este espectáculo, y dice en Lucas [Cap. 19:41] que el Señor lloró sobre Jerusalén; o sea, fue como qué triste ver este espectáculo. El lunes el Señor Jesucristo llega el templo, y es ahí donde ocurre la famosa limpieza del templo, donde Cristo acusa a los líderes religiosos de la nación de haber convertido la casa de Dios, en una cueva de ladrones.

 

Ps. Eduardo: Las diferentes veces que se habla de la limpieza del templo, ¿se refieren al mismo hecho o sucedió en diferentes ocasiones?

 

Ps. Sugel: Fueron dos limpiezas diferentes; una limpieza al principio del ministerio de Jesús, tres años antes; y una al final, ya cuando se desemboca todo esto. Ahora imagínense, qué duro para los sacerdotes, que los acusan delante de todo el pueblo, de haber convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones.

 

Ps. Miguel: Pero también Sugel, yo pienso en la persona del Señor, actuando en contra de todo eso, era un solo Hombre, ¿qué autoridad? y ¿qué personalidad imponente en ese momento, para Él deshacer todo un sistema?; eso tenía años ya establecido, sin que reaccionaran inmediatamente y lo aplastaran.

 

Ps. Eduardo: Pero eso era por la popularidad del Señor; ellos tenían miedo de tocarlo en ese momento porque hubiera traído una revuelta mayor.

 

Ps. Sugel: De hecho, una de las cosas que decía el sanedrín era: “no podemos matarlo durante la pascua, porque hay demasiada gente aquí; nosotros no sabemos cómo va a reaccionar esta multitud; y si después toda esta gente se vuelca a favor del Señor Jesucristo; ¿y si se van en contra de nosotros?”; ellos no sabían cómo la multitud iba a reaccionar.

 

Ps. Eduardo: Entonces llega limpia el templo y ¿qué sucede entonces?

 

Ps. Sugel: Bueno el lunes, Él regresa otra vez a Betania, que era una ciudad que quedaba como a 3 kilómetros donde vivían Martha, Lázaro; probablemente se quedó en la casa de Martha, de Lázaro y de María. El martes regresa de nuevo con sus discípulos a Jerusalén, como buen judío, porque Cristo era un buen judío; y allí es confrontado por todos los miembros del sanedrín, ese fue el día de las preguntas en el templo de Jerusalén, lo asediaban, venían en oleadas, pregunta tras pregunta, para provocar que Cristo dijera algo que los comprometiera, porque las preguntas eran muy capciosas; por ejemplo, en un momento dado solamente para poner un ejemplo, los fariseos llegan y le dicen: “maestro sabemos qué enseñas la verdad de Dios, que enseñas con verdad los mandamientos del Señor; nosotros tenemos una pregunta: ¿debemos pagar tributo al César o no? [Lucas 20:21-22]”. Esa era una pregunta que no tenía de ninguna forma una respuesta fácil, porque si Cristo decía: “no paguen tributo al César”, lo iban acusar con los romanos de que Él estaba pervirtiendo a la nación y creando una revolución; pero si decía: “sí paguen tributo al César”, entonces lo iban acusar con los judíos de que Jesús era un traidor a la patria; ¿qué hace Cristo? Dice: denme una moneda, y les dice ¿de quién es la imagen en la inscripción? —del César— pues miren, denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. El Señor cambio completamente el tema.

 

Pero es una y otra vez, pregunta tras pregunta; hasta que el Señor hace una última pregunta Él, les dice: “¿el Mesías, el Cristo de quién es hijo?; y dicen ellos: —de David— porque todos ellos sabían que iba a ser un descendiente de David; y entonces el Señor cita el Salmo 110 que dice: “¿cómo Cristo, el Mesías, David le llama su Señor? cuando dijo: “Dice el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Y dice que, a partir de ese momento, ya no osaron preguntarle nada más; Cristo se retira del templo por última vez el martes, y dice: “esta casa va a ser dejada desierta”, o sea, ustedes van a ser destruidos. Se va al monte de los olivos, y ahí es donde da el famoso discurso del monte de los olivos. El jueves, el Señor Jesucristo celebra con sus discípulos la cena de la pascua; y en la madrugada desde la medianoche de ese jueves es arrestado, cuando Judas finalmente lo traiciona; y es un punto interesante, porque recuerden, los miembros del sanedrín habían dicho que, no sea durante la pascua, —que no lo apresarán durante la pascua— ellos no querían que fuera durante la pascua; eso está en Marcos capítulo 14, los que lo quieran leer, versículos 1 y 2.

 

Pero Cristo murió durante la pascua, porque Dios tenía planificado, desde que esa fiesta fue instituida, que esa fiesta era simbólica, de lo que Jesús iba a hacer como el Cordero Pascual que quita el pecado del mundo.

 

Ps. Eduardo: O sea, que, así como los judíos en sus costumbres, cuando celebraban la pascua, sacrificaban un cordero, Cristo iba a ser ese cordero que iba a morir por nuestros pecados.

 

Ps. Sugel: Exactamente es así, —es correcto—.

 

Ps. Eduardo: ¿qué pasó entonces?

 

Ps. Sugel: Bueno (…) Judas se da cuenta que ya no tiene mucho tiempo, porque Cristo le dice: “uno de ustedes me va a entregar”. Ya Judas había hablado con los sacerdotes, y les había dicho: “yo lo voy a entregar”; y ellos habían ofrecido dinero, pero habían quedado de buscar el momento oportuno; pero ya esa noche, Jesús le dice: uno de ustedes me va a entregar; —¿quién Señor, soy yo? — y Cristo dice: “el que moja en el plato el pan conmigo”— le dice a Juan el apóstol—.

 

Ps. Eduardo: Y los demás no se dieron cuenta de eso, porque estaban todos comiendo.

 

Ps. Sugel: Lo que pasa es que Juan el apóstol estaba cerca del Señor; y Pedro es el que le hace señas a Juan que le pregunte ¿quién es el traidor?; y es a Juan, que Cristo le revela: “es el que va a mojar el pan en el plato conmigo”; Cristo moja el pan, que era un símbolo de mucha amistad, y se lo da a Judas; y yo creo de verdad, que era una última oportunidad que el Señor le estaba dando a Judas de arrepentirse; le da el pan mojado, y le dice a Judas, “lo que vas a hacer hazlo pronto”; ya Judas no tiene de otra, que salir inmediatamente de la cena; y los apóstoles —el resto que no escuchó la conversación privada de Jesús con Juan— pensaron: seguramente va a ir con la bolsa del dinero a repartir dinero a los pobres; y dice que se va del aposento alto, inmediatamente va a la residencia de Caifás, y le dice: “tiene que ser esta noche”. Así que ellos apresuradamente, reúnen la comitiva que va a ir a arrestar a Jesús.

 

Jesús se va del aposento alto, pero ellos tenían que saber a dónde iba, y Judas le dice, yo lo voy a decir, porque hay un huerto al que el Señor, siempre se retira a orar con nosotros; el huerto de Getsemaní. Así que tan pronto termina la santa cena, la última cena, Judas va a buscar a los que van a apresar a Jesús; Jesús y los apóstoles se van al huerto de Getsemaní.

 

Ps. Eduardo: Yo me imagino todas las emociones que el Señor tenía en ese momento, sabiendo lo que iba a pasar, lo que iba a sufrir, que iba a morir por nuestros pecados, que iba a ser rechazado, clavado en una cruz, un momento sumamente sensible, difícil, que iba a ser abandonado por las personas cercanas a Él.

 

Ps. Miguel: Debió haber sido un momento muy sensible para Él de hecho Lucas [Cap.22. Vs.42-44] recoge ese momento, donde Él oraba y dice: que caían de su frente como grandes gotas de sangre; era un momento bien estresante; su oración al padre: “si te es posible pasa de mí esta copa”; Él sabía que no era posible.

 

Ps. Eduardo: “Pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

 

Ps. Miguel: O sea, era un momento, o fue un momento muy particular en la vida y ministerio del Señor, es el punto donde —Él pregunta al Padre—: “Señor, si hay otra forma de traer salvación al hombre, al pecador, que sea de otra manera; pero que no sea como yo, sino que sea como tú”; y finalmente Él murió; no había otra forma, Él tenía que ir a la cruz para salvarnos.

 

Ps. Eduardo: Estamos en esos tres días, yo quiero que en el próximo segmento veamos los hechos de esos tres días, pero más las implicaciones para nosotros y como eso debe afectarnos y transformar nuestras vidas. (…)

 

Ps. Eduardo: Decíamos en el segmento anterior, que el Señor fue apresado en la madrugada del viernes, fue juzgado y fue crucificado alrededor de las nueve de la mañana.

 

Ps. Sugel: Sí porque una cosa que debemos explicar, es que, los judíos no marcaban el inicio de un nuevo día a las 12:00 de la medianoche como hacemos nosotros, ellos lo hacían a la caída del sol a la puesta del sol, es decir alrededor de la 6:00 de la tarde; y en esa región no hay tantos cambios como hay en otras regiones del planeta; o sea que generalmente la caída del sol es alrededor de las 6:00 de la tarde, ahí comenzamos un nuevo día. Entonces, Jesús fue crucificado a las 9:00 de la mañana, como tú decías, del viernes; porque de hecho los evangelios son muy claros diciendo: fue a la víspera del día de reposo, e inclusive en Marcos le llama, el día de la preparación, así le llamaban los judíos al viernes, porque era el día en que ellos se preparaban para comprar todo lo que era necesario, para guardar apropiadamente el día de reposo, en el que no se podía trabajar.

Así que, Cristo expira a las 3:00 de la tarde del viernes, ahí hay un día; a las 6:00 de la tarde de ese día—lo que sería nuestro viernes— comienza el día de reposo o el “Sabbat”, o el sábado de los judíos, ahí hay otro día; luego llega el primer día de la semana, que es a las 6:00 de la tarde del sábado comienza el domingo; y en algún punto, en ese domingo el Señor resucita. Entonces, para los judíos parte de un día, era como un día.

 

Hay personas que dicen, pero ¿dónde están esos tres días?

 

Ps. Eduardo: Quieren que le cuenten 24 horas.

 

Ps. Sugel: Exactamente, porque ellos no están entendiendo el hebraísmo que hay detrás de esa frase; yo puedo decirte en el día de hoy, igual, yo me pasé el día de ayer, el día entero trabajando; —pero tú sabes que yo no te quiero decir, que yo me pasé 24 horas trabajando— probablemente lo que te quise decir, es que las 8 horas laborables de mi trabajo, yo me la pasé casi sin descanso, pero 8 horas no son un día entero, pero en nuestra forma de hablar, es un día entero. Bueno para los judíos decir: “un día y una noche”, era decir: un día; no importa que fuera porción del día; y de hecho, hay textos bíblicos que prueban eso, pero yo no tengo tiempo ahora para probarlo, pero una porción del día, es el día; así que Cristo estuvo tres días en la tumba, y al tercer día, como Él lo había prometido resucitó.

 

Ps. Eduardo: “Al que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él. [2 Corintios 5:21]”

 

Cristo estaba en la cruz cargando con nuestro pecado ¿cuáles son las implicaciones de lo que sucedió el viernes?

 

Ps. Miguel: Las implicaciones para nosotros de lo que sucedió el viernes, me gusta verlo a la luz de un texto como hebreos 2:3 “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? tenemos que pensar en lo que fue para el padre entregar a su hijo; nosotros tenemos hijos y pudiéramos pensar en lo que significaría entregar un hijo, dice que el padre no lo escatimó y el mismo hijo tampoco lo tuvo en cuenta, como para no despojarse y tomar forma de siervo, y estando en esa condición, humillarse hasta la muerte y muerte de cruz; o sea fue una salvación grande, como dice el autor de la epístola a los hebreos, una salvación tan grande. Entonces ¿cómo el pecador escapa, si tiene por inmunda, o sea, si tiene como cualquier cosa común, la sangre de nuestro Señor Jesucristo, derramada en la cruz?

 

Ps. Eduardo: En ese momento estaba muriendo el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

 

Ps. Sugel:  Porque la biblia dice: “que la paga del pecado es la muerte” [Romanos 6:23]. La única forma en que nosotros podíamos ser librados de la condenación, era si un justo moría en nuestro lugar, y eso fue lo que hizo Cristo.

 

Ps. Eduardo: Y no había ningún hombre que fuera justo.

 

Ps. Sugel:  Excepto el Señor Jesucristo, porque Él es Dios encarnado, Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

Ps. Eduardo: Sugel y si alguien se preguntará: y ¿no era suficiente si el Señor moría y quedaba en la tumba?

 

Ps. Sugel: No porque de quedar en la tumba, y no resucitar, entonces Cristo no era un Salvador victorioso; o sea la victoria, era una victoria sobre la muerte, y para tu poder vencer la muerte tienes que resucitar; la resurrección de Cristo al tercer día tiene varias implicaciones teológicas; por un lado, fue el sello de aprobación de Dios el padre de que había aceptado la obra de su hijo, como buena y válida; eso es lo que nos enseña la epístola a los hebreos, Cristo no se quedó en la tumba, Él se levantó triunfante de la tumba, y por lo tanto Dios el padre aceptó su sacrificio; ya nosotros los que creemos en Cristo, no tenemos cuentas pendientes con el tribunal de Dios.

 

Ps. Miguel: Ese es el punto, si Él no se levanta de la muerte, o sea, si partimos de la declaración que dio Sugel hace un momento, de que, la paga del pecado es la muerte, y Él permanece muerto, había pecado en Él; pero no, dice la escritura que la tumba no le podía retener ¿Por qué? Porque Él era justo, no había pecado en Él, Él tenía necesariamente que levantarse de la tumba.

 

Ps. Eduardo: Y ¿qué tan obsesionados, que tan obcecados estaban esos líderes religiosos?, que ven que Cristo ha resucitado, se les dice, y ellos quieren buscar otras argumentaciones; ¿qué tanta dureza puede haber en el corazón de un hombre?, que crucifican a un justo, éste muere, ellos saben que ha resucitado, y dicen: “no, fue que se robaron el cuerpo”, que fueron los discípulos, le dan dinero a los guardias que estaban cuidando para que no digan lo que sucedió; ¿que grado de dureza puede tener un hombre?

 

Ps. Sugel:  Bueno algunos de ellos probablemente a pesar de todas las evidencias no creyeron, como pasa en el día de hoy. (…) Pero el punto aquí es, que ellos no estaban dispuestos a cambiar su religión ritualista que les permitía seguir viviendo con su misma soberbia, su mismo orgullo; porque el problema del hombre, al final de cuentas es: —no reconocer humildemente, que no tienen nada que aportar delante de Dios— todo el mundo se quiere salvar por su propio esfuerzo, quieren llegar al cielo, y decir: “esto yo me lo gané”; y Dios les está diciendo: “no, tú no te puedes ganar absolutamente nada, tienes que confiar humildemente en lo que yo hice para salvar a un pecador, que fue enviar a mi hijo para que muriera en una cruz, como el sustituto de los pecadores”; y ese es el problema.

 

Ahora, es importante, porque alguien puede estar viendo el programa y dice: “pero ustedes están muy seguros de que Jesús resucitó”; yo creo que es muy importante, que nosotros digamos algunas cosas al respecto; porque si bien es cierto que hoy no podemos ir a la tumba; —de hecho en Jerusalén hay como dos o tres lugares donde se cree que Jesús estuvo— tumbas que están vacías, pero no podemos decir con toda certeza está es la tumba vacía de Jesús; o sea, no es por mostrar esta tumba hoy, que yo voy a creer. Pero hay una realidad incontrovertible: un grupo de discípulos de Jesús, huyeron despavoridos en el momento del arresto, como unos cobardes; los fariseos se encargaron —como decía Miguel hace un momento— de custodiar esa tumba para que nadie la violara, y unos días más tarde, esos mismos discípulos salieron por todo el imperio romano predicando que Jesús había resucitado. Y el cristianismo tuvo el impacto que tuvo, en aquella época, y ha tenido el impacto que ha tenido a lo largo de la historia, porque en aquel momento crítico, nadie, ni romano, ni judío, enseñó el cadáver de Jesús, para desmentir el mensaje que los apóstoles estaban predicando; y por si todo eso fuera poco, todos ellos murieron como mártires, excepto probablemente el apóstol Juan.

 

Ps. Eduardo: Estuvieron dispuestos a sacrificar su vida en aras de lo que ellos habían creído.

 

Ps. Sugel: ¿Quién se inventa una mentira, y muere por ella?, aparte de que habría que ver, si los discípulos tenían el coraje, en aquel momento, ¿verdad? cuando todos se van huyendo, de enfrentarse con una guardia romana, abrir la tumba, robarse el cuerpo.

 

Ps. Eduardo: Esos guardias romanos, eran soldados de mucha experiencia en combate.

 

Ps. Miguel: No solamente eso, yo creo que lo que pasa con eso, es que, normalmente las películas no nos ayudan, en las películas mayormente se ven, dos o tres soldados; pero la escritura no habla de dos o tres soldados, habla de una compañía de soldados; o sea, no eran tres guardias romanos tomando café, o borrachos; no, estamos hablando de una compañía, tenía seiscientos hombres apostados frente a la tumba; entonces no era sencillo, no era cosa sencilla. Pero yo creo que el problema es lo que Sugel señalaba, es la dureza del corazón; porque al día de hoy, hay miles [de personas] que se suman al sanedrín, y que rechazan todo tipo de evidencia, de la índole que sea; porque esto no es un asunto de evidencia, esto es un asunto del corazón del hombre, que es malo desde su juventud, que rechaza a Dios desde su juventud. Desde Génesis 3 hasta la fecha, nosotros tenemos esa indisposición hacia Dios.

 

Dios tuvo que enviar a su hijo, atravesando toda la eternidad, para que viniera, y se hiciera como uno de nosotros, viviera una vida que fuera agradable delante de Él, totalmente; o sea, que cumpliera perfectamente la ley, fuera declarado justo, ocupará nuestro lugar en la cruz, llevará nuestro pecado; y entonces ahora yo tengo su justicia, por su gracia, no por mis obras, sino por las de Él; y de esa manera entonces, yo soy declarado justo delante de Dios, y soy salvo.

 

Ps. Eduardo: A la luz de lo que dice Miguel, Sugel ¿porque tanta dureza? ¿porque hay un mensaje tan claro? ¿Por qué? si hemos visto que —lo que dice Miguel a través de la historia— Dios se hizo carne, vino murió por nosotros en la cruz del calvario, ¿porque tanto rechazo, porque tanto odio?

 

Ps. Sugel: Al final de cuentas el gran problema, como yo decía hace un momento, sigue siendo el tener que aceptar con humillación y vergüenza, que yo soy un pecador y que soy un fracaso, desde el punto de vista espiritual. Yo puedo ser exitoso en mi negocio, yo puedo ser un tipo brillante, el punto sigue siendo, que nosotros tenemos que humillarnos y reconocer con vergüenza, que no podemos ganarnos el cielo, y eso el hombre no lo soporta; el hombre siempre quiere llevarse la gloria.

 

Ahora, no quisiera que se terminara el programa, sin volver al título del programa, Eduardo y Miguel: tres días que cambiaron la historia, ¿cómo cambió la historia? ¿cómo cambiaron la historia esos tres días?

 

Por un lado, abriendo un camino de salvación; porque a pesar de que nosotros somos tan duros, ese mensaje, del Cristo crucificado sigue siendo poderoso para salvar, y una prueba de eso son los millones y millones, que, a lo largo de la historia, a pesar de esa dureza, de la que estamos hablando, han creído en Cristo. Pero por otro lado, al final del primer siglo, ese grupo de hombres ,sin poder político, sin poder económico, sin internet, sin radio; ese grupo de hombres comenzó a predicar el evangelio por todo el imperio romano; y se calcula que ya para el final del primer siglo, el 10% de la población romana creía en el Señor Jesucristo; y sin dejar de mencionar, que desde el año 64 comenzó la primera gran persecución estatal, que fue la de Nerón; hubo por lo menos 10 grandes persecuciones que el imperio romano desató, en diferentes lugares del imperio contra los cristianos. Y es como decía Tertuliano: “la sangre de los mártires es la semilla de la iglesia”; mientras más cristianos mataban, más cristianos se convertían; y eso cambió la faz del imperio romano, a tal punto, que establecieron las bases de lo que es la sociedad occidental; hoy día occidente, es como es —aunque no quieras reconocerlo— por el impacto que tuvo la fe cristiana, el cristianismo, y de manera particular el Nuevo Testamento, en todo el imperio romano. Porque tenemos que entender, que si nosotros no queremos aceptar, que los apóstoles que predicaron que Cristo había resucitado, realmente estaban diciendo la verdad; entonces también tenemos que llegar a la conclusión, de que, el Nuevo Testamento lo escribieron un grupo de mentirosos, desquiciados, que se inventaron una mentira ,y estuvieron dispuestos a morir por ella; y yo invito a cualquiera que piense algo así, que lean el Nuevo Testamento, y se pregunte si ese el libro de verdad, pudo haberlo escrito un grupo de doce desquiciados mentirosos.  Aparte de que tampoco podemos explicar la transformación del apóstol Pablo.

 

Ps. Eduardo: No sólo de Pablo, de todas las personas que han recibido a Cristo en su vida; porque como dice la escritura: “que el evangelio es poder de Dios para salvación”.

 

Ps. Sugel: Yo pienso que, a Pablo, porque Pablo era un perseguidor, y se convirtió en el más grande evangelista de la iglesia, en el primer siglo; y él dice: “mi cambio vino porque yo vi a Cristo resucitado”.

 

Ps. Eduardo: Esas son las buenas nuevas de salvación: el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que ha transformado la historia; y dice la palabra: “la palabra de la cruz, el evangelio, es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” [1 Corintios 1:18], sabiduría de Dios. Así como este mensaje ha transformado tantas vidas, puede transformar la tuya, solamente tienes que ir a los pies del Señor en arrepentimiento por tus pecados, y confiando en Él como el único Salvador; Él dice: “yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” [Juan 14:6].

 

Gracias por haber estado con nosotros en su programa: Entendiendo los Tiempos.